Análisis del artículo ‘‘Carta a una ciudadana iraquí’’

Antonio Tabucchi es considerado el mejor escritor italiano de su generación y fue premiado con el Campiello, el Viareggio-Rèpaci, el Premio Médicis Extranjero, el Premio Europeo de Literatura, entre otros. Tabucchi, originalmente, había escrito este artículo ‘‘Carta a una ciudadana iraquí’’ para el medio italiano Il Manifesto. Sin embargo, debido al secuestro de la periodista de Il Manifesto, Giuliana Sgrena, la publicación de Tabucchi fue retenida; por lo que se publicó este artículo en el medio español El País. 

El título de este artículo es muy atrayente, provoca interés al lector y permite que el lector tenga curiosidad del contenido de este trabajo periodístico. Es claro que el artículo tiene una tesis implícita, el autor acude a la ficción al utilizar una ‘‘señora iraquí’’, cabe destacar que se les limita a las mujeres árabes la libertad, entre ellas la libertad de expresión, por lo que el artículo tiene un tono irónico.

La cadena argumentativa del artículo de Tabucchi inicia con una ironía: ‘‘Pero hace unos días usted y su vecina pudieron mojar un dedo en tinta y levantarlo con el orgullo de quien puede afirmar: con esta huella digital en la papeleta yo sanciono la libertad de elegir a mi representante en el Parlamento democrático que los Estados Unidos nos han regalado.’’ Además, se puede identificar que utiliza la analogía para comparar las cien mil muertes con las elecciones.

Tabucchi continúa su argumento con una ridiculización: ‘‘¿Cómo dice? ¿Que una bomba destruyó su casa y mató a cuatro de sus hijos? Es doloroso, ya me lo imagino. ¿Y que el único hijo que sobrevivió perdió sus bracitos? ¡Angelito! Pero entre nosotros la tecnología está muy avanzada, se los dejaremos como nuevos e incluso mejor, ya verá cómo vuelve a casa más espabilado que un grillo y cuando sea mayor podrá votar con sus bracitos tecnológicos. ¿Para qué le servían sus bracitos de verdad si no podía votar?’’ Por otro lado, usa la ironía cuando menciona que los iraquíes no son leales ni combaten en igualdad de armas ni respetan la Convención de Ginebra cuando el autor indica que: ‘‘¿Y su hermano? ¿Que se hizo pasar por un mendigo y cuando llegó al puesto de control americano sacó una metralleta y disparó contra los soldados? (…) Su hermano es un terrorista. Su hermano, para manifestar su contrariedad, eligió una solución políticamente incorrecta.’’

Siguió con una ejemplificación cuando habla sobre los medios que se emplearon para presionar a los prisioneros: ‘‘Es cierto que los medios empleados resultan algo anticuados, no puedo desmentirla, puesto que existe documentación fotográfica: descargas eléctricas en los genitales, palizas con bastones de hierro, presos desnudados, encadenados, atados con traíllas, sodomizados con distintos instrumentos adecuados a tal finalidad, incluyendo el tradicional órgano masculino.’’ En este mismo párrafo hace una conjetura: ‘‘Pero verá, estimada señora, lo que cuenta no son los medios. Si estas prácticas se llevaran a cabo con una finalidad antidemocrática, para instaurar una dictadura, por ejemplo, lo innoble del fin convertiría sin duda en innobles a esos medios.’’

En el siguiente párrafo, Tabucchi emplea una ridiculización: ‘‘No puede ni imaginarse usted cuántas envidias, cuántos rencores, qué falta de reconocimiento por todo el Bien que hemos llevado hasta el último rincón de la Tierra, desde el sudeste asiático hasta Suramérica y África. Pensando siempre en el bienestar ajeno, hemos exportado nuestras materias primas y nuestros recursos por todas partes sin preocuparnos por nosotros mismos.’’ El autor continúa el apartado con una comparación entre los ex presidentes de Estados Unidos.

Tabucchi aplica varias causalidades: ‘‘De modo que tuvimos que recurrir a una pequeña estratagema: nuestro secretario de Estado, agitando una ampolla ante la asamblea de la ONU, sostuvo que se trataba de un líquido mortal, de un arma de destrucción masiva, y que su país guardaba inmensos depósitos de tal líquido. ¡Pero si no era más que un truco inocente! ¡No era un líquido mortal, era tinta electoral!’’; “Con todo, recordará usted el día triunfal en el que las estatuas de dictador de su país fueron abatidas. Es una pena que junto a las estatuas fueran abatidas también sus ciudades, a veces una cosa lleva a la otra.”  Y “Entiendo la objeción que me hace: hace algunos años, ese dictador era aliado nuestro. Lo admito. Hasta le dimos armas y gases, porque tenía algunos problemillas con los iraníes y con los kurdos.” Incluso agrega una ironía de que se va a reconstruir a Iraq como nuevo. “Pero no se torture, reconstruiremos su país dejándolo como nuevo: nuestras empresas y las de nuestros aliados están aquí precisamente para eso.”

El escritor también utiliza la ironía en el antepenúltimo párrafo: ‘‘Dale que te pego, hemos hecho que entiendan que las urnas son el bien supremo de la humanidad, cueste lo que cueste. Y es un día de derrota para los pacifistas. ¡Debería darles vergüenza! Hemos demostrado que la paz no conduce a ningún sitio. La paz sólo crea conflictos, provoca guerras, conlleva muerte y destrucción.’’ Por otro lado, utiliza la ridiculización al hablar sobre las democracias. ‘‘Créame, señora mía, son democracias de lo más aburrido: en esos países los ciudadanos se aburren hasta la saciedad, y además en invierno oscurece enseguida y hace un frío de perros. Después tuve ocasión de arrepentirme: el pacifismo no compensa. Y comprendí el valor de la Democracia Absoluta, la que no se pierde en disquisiciones sobre derecha e izquierda, conceptos definitivamente superados, sino que impulsa la economía y hace más vivaz el mundo.’’ Además, hace una analogía entre la información y la opinión. ‘‘Entre información y opinión hay un abismo, un salto de calidad. No sé bien cómo explicárselo, es algo así como sus mulás de las escuelas coránicas, pero democráticos, no sé si me explico.’’

Tabucchi cierra su argumento con una conjetura de lo que podría pasar si la señora iraquí diera su opinión.  Sin embargo, no termina con una reafirmación de todo lo que se argumentó en el artículo. Por otra parte, se puede observar que no tiene periodicidad y su posición es polémica y atrayente; como se mencionó anteriormente, el autor utiliza un tono irónico.

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